Revista de
enfermedades
infecciosas en Pediatría

Publicación reconocida por la Sociedad Mexicana de Pediatría A.C.



Entorno hospitalario

Estrés ambiental en ambientes hospitalarios


Por: Daniel Briones Villegas* y César Rodarte Rangel**
* Psicólogo Ambiental Especializado en Hospitales y Asesor de Entornos Salubles, ARQmedyca.
** Arquitecto Especializado en Salud y Director General, ARQmedyca.

1 de Marzo de 2019


¿A qué llamamos estrés?

Para poder hablar del “estrés ambiental” es necesario regresar a la base conceptual del constructo, por ese motivo, acudimos a Selye (1957) quién define al estrés como “el estado manifestado por un síndrome especifico que consiste en todos los cambios no específicos indicados dentro de un sistema biológico”. Otros autores, como Lazarus y Folkman (1986), lo definen como las interrelaciones que se generan entre la persona y el contexto en el que se encuentra, es decir, el estrés se origina cuando una persona evalúa a lo que sucede como algo que supera los recursos con los que cuenta y pone en peligro su bienestar personal. En medio se encuentra la evaluación cognitiva que realiza el sujeto; pero además, tiene en cuenta el elemento emocional que conlleva esta situación. El estrés se origina cuando una persona evalúa lo que sucede como algo que supera los recursos con los que cuenta y pone en peligro su bienestar personal. En este sentido, entre ambas definiciones podemos discriminar que hacen alusión a tres distintos factores:

1. Psicológico: donde se hace referencia a los procesos cognitivos y emocionales, los cuales son interiorizados por las personas.
2. Ambiental: puede entenderse desde un ambiente físico, hasta uno social, lo que da pie a la unión denominada “psicología ambiental”.
3. Biológico: donde se observan los cambios a nivel fisiológico, que responden a los dos primeros factores: psicológico y ambiental.
Una vez comprendiendo los factores que relacionados con el estrés, podemos entender al “estrés ambiental”, como la reacción que tienen una persona ante una situación concreta en la que se presenta un conjunto de variables ambientales cuya disposición e intensidad hacen que sean percibidas como aversas. Recientemente, los investigadores Ortega, Mercado y Estrada (2016) han puesto énfasis en la percepción y evaluación del organismo de daños potenciales provocados por experiencias ambientales objetivas; así, cuando tales demandas ambientales son percibidas como algo que excede las habilidades de afrontamiento, los individuos las etiquetan como estresantes y experimentan una respuesta emocional negativa.

Siete características asociadas con un ambiente generador de estrés

1. Grado de estimulación: cuando existen altos niveles de estimulación, puede producirse distracción y sobrecarga de información en la persona; por el contrario, bajos niveles de estimulación pueden provocar privación sensorial y aburrimiento.
2. Coherencia: cuando el ambiente propicia cierta dificultad para hacer conjeturas o suposiciones respecto a los elementos del ambiente y cómo están dispuestos; esto puede ocurrir por cambios acelerados en el mismo escenario.
3. Falta de restauración: si el entorno no brinda a las personas opciones para que puedan distraerse, puede propiciarse fatiga visual y agotamiento emocional.
4. Control: otorga la posibilidad de que la persona modifique las condiciones físicas del ambiente, como el ruido o la temperatura, entre otros.
5. Legibilidad: son los requisitos ambientales con los que las personas pueden contar para comprender la disposición del ambiente y, con esto, poder tener un sentido de orientación y direccionalidad; de no contar con esta característica, se produce una demanda cognitiva y sensación de incompetencia.
6. Ofrecimientos: son las características físicas, con un tipo de significado específico, para que las personas entiendan qué actividades pueden realizar dentro de un ambiente en especial determinado; si el ambiente no cuenta con tales ofrecimientos, los individuos en ese entorno se ven afectados.
7. Escenario conductual: se refiere a la relación que existe entre la cantidad de personas que se encuentran en un espacio y, la cantidad de recursos y el tipo de roles que se pueden realizar en dicho escenario.

¿Cómo lograr un ambiente menos estresante?

En lo que a trabajos de diseño de interiores se refiere, estos pueden ayudar a reducir el “estrés ambiental” desde un enfoque multidisciplinario con la colaboración de un psicólogo ambiental, un arquitecto y un diseñador de interiores. Todos ellos están en la capacidad de retomar este tipo de elementos para generar una propuesta que garantice la disminución de estrés a los pacientes en situación de hospitalización.
- Evans, G., Cohen, S. & Brennan, P. (1986). Stress and properties of the physical environment. En: Proceedings of the seventeentj annual conference of the Environmental Design Research Association. 91–5, EDRA: Atlanta – EU.
- Kaplan, S. (1995). The restorative benefits of nature. Toward an integrative framework. Journal of Environmental Psychology, 15, 169–82.
- Kaplan, S. (2001). Meditation, restoration and the management of mental fatigue. Environment and Behavior, 33 (4), 480–506.
- Lazarus, R. & Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Ediciones Martínez Roca.
- Levine y L, Reeder (Eds.). Handbook of medical sociology. Englewood Cliffs: Prentice-Hall.Lazarus, R. & Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Ediciones Martínez Roca.
- Moser, G. & Uzzell, D. (2004). Psychology and the challenge of global environmental chance. Newsletterof International Hum Dimensions Programme on Global Environmental Chance, 4, 2–3.
- Ortega, P., Mercado, S., Reidl, L. & Estrada, C. (2016). Estrés ambiental en instituciones de salud. Valoración psicoambiental. México: UNAM.
- Roldán, L., Lozano, L. & Cifre, E. (2015). Estrés ambiental en instituciones de salud. Una revisión teórica de la valoración psicoambiental. Ágora de Salut, 1(49), 591-596. - Selye, H. (1957). The stress of life. New York: McGraw-Hill.
- Wicker, A. (1972). Processes which mediate behavior-environment congruence. Behavioral Science, 17, 365.
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